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Colectivismos

Irracionalidad primitiva: Los polilogismos

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Es común el prejuicio de que una persona  tiende a razonar de forma predeterminada en función del colectivo al que pertenece. Es decir, la estructura lógica de alguien estaría entonces configurada en base a su clase social, raza, sexo, etc. Este primitivo prejuicio es uno, de otros tantos, que bloquean los posibles progresos, tanto en libertad social-económica, como en espacios de debate.

Ludwig von Mises presenta al polilogismo como una rebelión contra la razón, una rebelión contra la ciencia económica. Nos insta a analizar otros tipos de polilogismos, además del marxista o el racista.  “Compete al historiador explicar cómo pudo ser que tan torpes ideas se difundieran. La labor del economista, sin embargo, es otra: analizar a fondo el polilogismo marxista, así como todos los demás tipos de polilogismo formados a semejanza de aquél y poner de manifiesto sus errores y contradicciones.” Y es a lo que va dedicado este escrito.


Jose Mario Salazar Verazaín

Es estudiante de Economía y Coordinador Local de Estudiantes por la Libertad Bolivia.


Mi objetivo es, a grandes rasgos, mostrar cómo existen  movimientos que, inspirados en ideas colectivistas, caen en polilogismos y, por lo tanto, en conclusiones erradas. También me gustaría comparar y complementar la crítica miseana al polilogismo con ideas de otros autores como: Popper, Ernesto Laclau y Chantal Mouffe. Por último y más allá de sintetizar brevemente las críticas de los autores mencionados, quisiera analizar algunos razonamientos o conceptos que podrían entrar en la categoría de otros tipos de polilogismos o derivaciones de este.

Polilogismo y Sociología del conocimiento

En el caso del polilogismo marxista se afirma que la estructura lógica de las personas vendría determinada por la clase social a la que pertenecen. Las clases tendrían intereses materiales que, por lo tanto,  imposibilitarían la objetividad en el ámbito científico. Entonces, se rechazaría de plano cualquier argumento contrario al materialismo histórico, no por la objetividad del argumento en sí, sino por la persona; y más que por la persona, por el supuesto sesgo de clase que el disidente estaría sufriendo. Lo mismo pasaría con el polilogismo racista que Mises describe, solo que la única diferencia estaría en reemplazar la clase por la raza.

Por otro lado, la sociología del conocimiento (Mises la considera como una derivación del polilogismo marxista) descrita por Popper en La sociedad abierta y sus enemigos, es también interesante de analizar. La sociología del conocimiento asegura que unas denominadas ideologías totales sesgan la pretensión de mayor objetividad e imparcialidad en el pensamiento científico. Estas ideologías totales se forman en los distintos estratos sociales cuando inconscientemente recibimos afirmaciones que nos parecen verdades incuestionables. Y más que parecernos verdades incuestionables, simplemente, ni nos percatamos de ellas, solo las reproducimos una y otra vez. 

Popper, describe la vacuna contra las ideologías totales de esta manera:

“Los sociólogos del conocimiento sostienen que la «inteligencia libremente equilibrada» de la intelligentsia apenas anclada en las tradiciones sociales, puede evitar los abismos que median entre las ideologías totales y puede llegar a ver, incluso, a través de las diversas ideologías totales, los móviles ocultos y los demás factores determinantes que las inspiran. De este modo, la sociología del conocimiento cree que puede alcanzarse el mayor grado de objetividad mediante el análisis, a través de la inteligencia libremente equilibrada, de las diversas ideologías ocultas y su arraigo en lo inconsciente. El camino hacia el verdadero conocimiento parece consistir en la revelación de los supuestos inconscientes, una suerte de psicoterapia, por así decirlo, o mejor aún, si se me permite, de socioterapia. Sólo aquel que ha sido socioanalizado o que se haya socioanalizado a sí mismo, habiéndose liberado de ese complejo social, es decir, de su ideología social, puede alcanzar la síntesis superior del conocimiento objetivo.”

Y se cuestiona en forma de respuesta:

“los socioanalistas nos incitan con fuerza casi irresistible a aplicarles sus propios métodos, pues ¿no es su descripción de una intelligentsia apenas arraigada en la tradición un cuadro en extremo preciso de su propio grupo social? ¿Y no es evidente también que si damos por cierta la teoría de las ideologías totales debería formar parte de toda ideología total la creencia de que el propio grupo se halla libre de prejuicios y configura, en realidad, ese conjunto de elegidos que es el único capaz de objetividad? ¿No cabe esperar, por lo tanto —siempre suponiendo la verdad de esta teoría—, que aquellos que la sustentan se engañen inconscientemente, haciéndole agregados a la teoría a fin de sancionar la objetividad de sus propias opiniones? ¿Podemos, pues, tornar en serio su pretensión de que mediante el autoanálisis sociológico han alcanzado un grado superior de objetividad y la de que el socioanálisis puede elaborar una ideología total?”

“Si la objetividad científica se fundara, como supone ingenuamente la teoría sociológica del conocimiento, en la imparcialidad u objetividad del hombre de ciencia, entonces tendríamos que decirle adiós sin dilación. En realidad, debemos ser en cierto modo más escépticos que los defensores de la sociología del conocimiento, pues no cabe ninguna duda de que todos somos víctimas de nuestro propio sistema de prejuicios (o «ideologías totales» si se prefiere esta expresión); de que todos consideramos muchas cosas evidentes por sí mismas; de que las aceptamos sin espíritu crítico e incluso con la convicción ingenua y arrogante de que la crítica es completamente superflua, y, desgraciadamente, los hombres de ciencia no hacen excepción a la regla, aun cuando hayan logrado librarse superficialmente de algunos de sus prejuicios en el terreno particular de sus estudios, pero esta limpieza no tiene lugar mediante el socioanálisis u otro método similar; los investigadores no tratan de treparse a un plano superior desde donde puedan comprender, socioanalizar y depurar sus insensateces ideológicas, En efecto, con tornar sus mentes más «objetivas» no les bastaría para alcanzar lo que hemos denominado «objetividad científica».”

Es un poco lo mismo  que pasa con los profetas burgueses como Marx o Engels que se vieron exentos del interés de clase. Y es que, además, la objetividad del método científico se basa en la intersubjetividad del proceso. “la objetividad se halla íntimamente ligada al aspecto social del método científico.”

Por último, al igual que Popper y Mises, creo en la razón y en la unidad del género humano en ella. Creo que los espacios de discusión son una fuente donde podemos intercambiar conocimiento. Obviamente, sin caer en el cientificismo, creo en los límites de la razón humana y que también está sujeta a error. Pero, la razón me parece una herramienta, un medio que nos permite ese espacio de intersubjetividad que nos acerca a la objetividad. 

Los polilogismos de derecha a izquierda son nocivos para esos intercambios de conocimiento, pretenden ingenuamente, llevarnos a una clase mesiánica representante del paraíso terrenal o a una raza aria divinamente elegida. Sería el fin de un libre espacio de discusión y abriremos las puertas a una sociedad autoritaria y llena de prejuicios sobre la clase o raza a la que pertenece el que piensa distinto.

¿Tiene sentido el adjetivo de desclasado?

Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, reconocidos post marxistas, han sido críticos con el marxismo ortodoxo. En el libro Hegemonía y estrategia socialista cuestionan el determinismo marxista, más precisamente con el economicismo y la búsqueda esencialista de una clase privilegiada (proletaria). Lo que a mí me llama más la atención, es la idea de revolución como “la sobredeterminación de un conjunto de luchas en un punto de ruptura político, del cual se seguiría una variedad de efectos esparcidos sobre el conjunto del tejido social.” Me llama la atención porque rompe con la perspectiva holística de la izquierda clásica. Rompen con el esencialismo clasista.

“La problemática teórica que hemos presentado excluye no sólo la concentración de la conflictualidad social en agentes apriorísticamente privilegiados, como lo serían las clases, sino también la referencia a todo principio o sustrato general de tipo antropológico que, a la vez que unificaría a las distintas posiciones de sujeto, asignaría a la resistencia contra las diversas formas de subordinación un carácter inevitable. No hay, por tanto, nada inevitable o natural en las distintas luchas contra el poder, y es preciso, por consiguiente, explicar en cada caso las razones de su emergencia y los diversos módulos que ellas pueden adoptar. La lucha contra la subordinación no puede ser el resultado de la propia situación de subordinación.”

El libro es un poco confuso en algunos tramos, pero la idea esencial y útil para el propósito de este escrito es lo presentado arriba. Me cuestiono, más allá de las críticas de Laclau y Mouffe, si tiene sentido el adjetivo de desclasado, anti patria, y todas las demás “traiciones” al colectivo que supuestamente le debemos vital pertenencia. ¿Por qué un obrero sería desclasado por simpatizar con ideas liberales? ¿Es que acaso debería razonar (en el sentido moral y ontológico) de acuerdo a la clase a la que pertenece? ¿Es que acaso la esencia del obrero coincide con ser socialista? Las mismas formas de razonar y los mismos cuestionamientos aplicarían para, primero, el polilogismo racista y, segundo,para las derivaciones del polilogismo planteado por Mises. 

Algunas derivaciones puntuales

Las derivaciones del polilogismo que describo en este apartado han sido elegidas de forma arbitraria. Arbitraria en el sentido de que seguramente habrá otras derivaciones o tipos de polilogismos que paso de largo. Las derivaciones mostradas son con las que más me he topado.

Tal vez por la influencia marxista que fue tomando el feminismo posterior al feminismo liberal, derivó en un movimiento colectivista inspirado en la lucha de clases. Actualmente en las marchas feministas se pueden ver pancartas, a mi parecer, hiper colectivistas como: “Nos matan por ser mujeres”, de ahí también el concepto de feminicidio. Todo apunta a la clase, al colectivo. Además. Se percibe un aire  al estilo revolución proletaria-feminista.  

Todo lo anterior, a modo de introducción, me sirve para mostrar hacia dónde voy. Hay una falacia que siempre se repite en el debate sobre el aborto (Quiero dejar claro que no es lugar para formular argumentos a favor o en contra.) por parte de feministas que es, para resumirlo, que un hombre no puede opinar sobre el tema. Las razones que dan son distintas, pero la  más habitual es que  una mujer sabe lo que está haciendo y, por lo tanto, solo ella puede decidir si es correcto o no. Se podría entrar ahí a una discusión  moral y, por lo tanto, más compleja; pero, el peligro está en que se podría caer en conclusiones polilogistas. Por ejemplo, si alguien reclama que en un panel de discusión haya solo hombres debatiendo sobre el tema. ¿Supone que n hombre por ser hombre, no podría llegar a comprender la verdad en ese tema? ¿Es el sexo femenino entonces la “clase” que podría acceder a la verdad en ese tema? ¿Y qué pasa si en la clase iluminada hay diferentes opiniones?

Están también las posibles traiciones al género. Por ejemplo, se ha escuchado hasta el cansancio que una mujer debe ser feminista. Tal como pasaba en el caso del polilogismo marxista o el racista. Y mi cuestionamiento es el mismo. ¿Le debe el sexo femenino subordinación a un movimiento?

Algo parecido ocurre con los regionalismos en Bolivia, dónde se puede escuchar argumentos de tipo polilogista y las mismas traiciones al colectivo. “Debemos apoyar al candidato X por ser de nuestra región” “Seguramente el candidato que no es de nuestra región va actuar solo en favor de su región y en perjuicio de la nuestra.” Desde mi punto de vista, hay un latente miedo al que “no es de los nuestros”. Hay un supuesto apriorismo “interés de clase” en perjuicio de la otra “clase”. Entiendo el sentimiento de pertenencia a un colectivo y no lo veo dañino en sí, el problema está en la determinación uniforme de pensar que nos distancia de la racionalidad y el pensamiento crítico.

Cierro con Popper en La sociedad abierta y sus enemigos: “El hecho de que la actitud racionalista tenga más en cuenta el argumento que la persona que lo sustenta es de importancia incalculable. Él nos lleva a la conclusión de que debemos reconocer en todo aquel con quien nos comunicamos una fuente potencial de raciocinio y de información razonable; se establece, así, lo que podría llamarse la «unidad racional del género humano».”


Esta publicación expresa únicamente la opinión del autor y no necesariamente representa la posición de Students For Liberty Inc. En el Blog EsLibertad estamos comprometidos con la defensa de la libertad de expresión y la promoción del debate de las ideas. Pueden escribirnos al correo [email protected] para conocer más de esta iniciativa.

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