Alberto Masferrer trató temas que siguen vigentes en nuestra sociedad, especialmente la defensa de los más desposeídos y la denuncia social. Su pensamiento estuvo relacionado con la preocupación por las necesidades de las personas y por la importancia de la educación para una sociedad más justa (Masferrer, 1988a, 1988b). 

Mi querido Masferrer, no te conocí, pero tus escritos y tus luchas por los temas sociales que a la fecha acompañan a nuestra patria, y esa lucha por los derechos de cada una de las personas, despiertan en mí admiración y respeto, ya que ahora pocas son las personas que se atreven a alzar la voz por los desvalidos y por sus derechos.

Ahora, mi querido Masferrer, tus entrañas sangran al ver cómo el poder ciega a las personas. Y me pregunto cómo puede ser posible que, teniendo tantos estudios y tantos medios tecnológicos que en tu tiempo no hubo, hoy no haya un verdadero pensamiento crítico. Ahora, en la sociedad, solo hay títeres que, aunque posean estudios y reconocimientos, se mueven como les ordenan. La humanidad dejó de pensar y también dejó de luchar por sus derechos.

En el 2026 hemos perdido al joven que se está formando. Ya no hace el mínimo esfuerzo por adquirir un conocimiento limpio, por conocer y comprender lo que sucede a su alrededor. Muchos de los que se integran a la política ya no lo hacen con el fin de darle un aporte a la sociedad ni de dejar un mejor futuro a las nuevas generaciones. Ahora se disfrazan de ovejas siendo lobos feroces para conseguir una mejor posición, un mejor sueldo, un mejor trabajo o un mejor cargo.

Y cuando finalmente lo logran, olvidan sus promesas. Olvidan a cada persona que en el camino creyó en ellos y los ayudó a llegar al puesto que ahora ocupan. Teniendo a las personas que son iguales o peores que ellos, se comen unas a otras y se dan la mano como si fueran grandes amigos. Pero, en tiempo de campaña, se vuelven a acordar de los desvalidos, del pueblo, de la ciudad.

Llegan a tocar puertas para ser escuchados, pero encuentran aquellas  mismas puertas que una vez tocaron, con el interés para volver a posicionarlos. ¿Por qué? No es porque quieran y deseen hacer un cambio o dejar un mejor futuro, como lo hablan y desean. Es seguir comiendo a costillas de un pueblo que ha sangrado, que no ha tenido oportunidades y que durante mucho tiempo ha esperado que alguien realmente luche por sus derechos.

No son personas que luchan por los derechos ni por las problemáticas que aquejan a nuestra patria. Luchan por su buen cargo en el trabajo, luchan por su buen salario, sin importarles la clase trabajadora ni las personas desvalidas que anhelan mejores condiciones. Pero sí les importa devastar un país y hacer de él un fogón para que grandes empresarios realicen inmensas residenciales y comerciales, nutriéndose y enriqueciéndose mientras matan nuestros pulmones.

Mientras tanto, cada invierno hay una que otra vida perdida y llorada bajo la lluvia, golpeando a nuestra tierra y a nuestra naturaleza, de por sí ya hecha un desastre. Y nosotros seguimos viendo cómo se destruye lo que debería ser protegido, mientras muchas personas continúan luchando por tener siquiera las condiciones mínimas para vivir dignamente.

Es triste ver cómo una sociedad puede tener tantos avances y, al mismo tiempo, perder algo tan importante como la capacidad de pensar y cuestionar. Tenemos más tecnología, más información y más medios para conocer lo que sucede, pero parece que cada vez somos menos capaces de preguntarnos si lo que estamos viendo está bien o mal. Nos hemos acostumbrado a seguir órdenes, a creer lo que otros dicen y a olvidar que también tenemos derecho a cuestionar y levantar nuestra voz.

Por eso, mi crítica no es solamente hacia quienes ocupan un cargo o hacia quienes tienen poder. También es hacia nosotros como sociedad, porque permitimos que muchas de estas cosas continúen sucediendo. Nos quejamos cuando algo nos afecta directamente, pero muchas veces permanecemos callados cuando el problema afecta a otra persona. Nos acordamos de los desvalidos cuando necesitamos algo de ellos, pero después volvemos a olvidarlos.

También hemos permitido que el conocimiento pierda su verdadero valor. Estudiar debería servir para formar personas capaces de pensar, de analizar y de aportar algo a la sociedad. Sin embargo, muchas veces se estudia solamente para obtener un título, conseguir un mejor puesto o alcanzar una posición que permita tener más dinero. No está mal querer superarse, pero sí lo está olvidar a quienes quedaron atrás mientras nosotros avanzamos.

Si algo debería preocuparnos es que las nuevas generaciones crezcan pensando que el éxito consiste únicamente en tener un buen cargo, un buen salario o una buena posición. ¿Dónde queda el deseo de ayudar? ¿Dónde queda la lucha por los derechos? ¿Dónde queda el pensamiento propio? ¿Dónde queda esa humanidad que nos debería hacer mirar al que está sufriendo y preguntarnos qué podemos hacer por él?

Por eso entiendo por qué las palabras y las luchas de Masferrer siguen causando incomodidad. No porque vivamos en la misma época, sino porque muchas de las situaciones que él denunció todavía pueden verse en nuestra sociedad. Cambiaron los tiempos, cambiaron las herramientas y cambiaron las formas, pero todavía existen personas desvalidas, todavía existen injusticias y todavía hay quienes utilizan las necesidades del pueblo para conseguir sus propios beneficios.

No podemos seguir creyendo que el progreso consiste solamente en construir más, vender más o enriquecernos más. ¿De qué sirve tener grandes residenciales y centros comerciales si al mismo tiempo estamos destruyendo nuestros pulmones y nuestra naturaleza? ¿De qué sirve tener personas con muchos estudios si no utilizan ese conocimiento para pensar y aportar? ¿De qué sirve elegir representantes si después se olvidan de las personas que confiaron en ellos?

La sociedad actual necesita despertar. Necesita recuperar el pensamiento crítico y dejar de permitir que otros piensen por nosotros. Necesitamos aprender nuevamente a cuestionar, a defender nuestros derechos y a levantar la voz por quienes no pueden hacerlo. No podemos continuar siendo espectadores mientras nuestro país se deteriora y mientras las personas más vulnerables siguen esperando oportunidades que nunca llegan.

Mi sentimiento al escribir esto no es solamente de enojo. También es de tristeza. Tristeza por ver cómo las personas se olvidan unas de otras, cómo el poder cambia a quienes llegan a tenerlo y cómo el pueblo termina siendo recordado solamente cuando se necesita algo de él. Pero también es una forma de decir que todavía nos importa. Porque si dejamos de cuestionar, si dejamos de sentir indignación y si dejamos de luchar por lo que consideramos justo, entonces sí habremos perdido completamente aquello por lo que tantas personas lucharon antes que nosotros.

No quiero una sociedad donde unos pocos se enriquezcan mientras otros continúan sobreviviendo. No quiero una sociedad donde las personas desvalidas sean utilizadas para conseguir votos y después sean olvidadas. No quiero una sociedad donde los jóvenes dejen de pensar por sí mismos y donde estudiar solo sirva para conseguir un cargo. Quiero una sociedad donde el conocimiento sirva para abrir los ojos, donde el poder sea utilizado para servir y donde el desarrollo no signifique destruir nuestro propio país.

Por eso, más que hablar de Masferrer, quiero hablar de nosotros. De lo que somos hoy y de lo que estamos permitiendo que nuestra sociedad llegue a ser. Porque las injusticias no desaparecen simplemente porque dejemos de hablar de ellas. Y mientras existan personas que necesiten alzar la voz por sus derechos, mientras existan desvalidos que necesiten ser escuchados y mientras nuestro país continúe siendo golpeado por la desigualdad y la destrucción de su naturaleza, todavía tendremos una responsabilidad: no quedarnos callados.

Referencias

Masferrer, A. (1988a). El Minimum vital (8.ª ed.). Dirección de Publicaciones del Ministerio de Cultura y Comunicaciones.

Masferrer, A. (1988b). Leer y escribir (5.ª ed.). Dirección de Publicaciones del Ministerio de Cultura y Comunicaciones.

Students For Liberty is the largest pro-liberty student organization in the world.

To get started, please select your region on the map.

Asia Pasific