En los últimos años, especialmente gracias a las redes sociales, han aparecido ciertos grupos que expresan fehacientemente una especie de absolutismo temático sin importar el tipo de conversación que se lleve a cabo: hablar de política. De entrada, ello ya representa un problema debido a que omiten la distinción entre “política”, referida a un sistema institucionalizado, y “político”, referido a las dinámicas dentro del primero, y no como extensión caprichosa; es decir, los términos se usan indistintamente en el habla coloquial.
Dicho esto, si lo político está directamente relacionado con la política, ahora se va a explicar en particular este último, excepto cuando se señale lo contrario, ya que es común que a eso se quiera llegar cuando se habla de “lo político”, como si fuese solo una derivación morfológica. Evitando las tediosas formalizaciones de diversos autores para delimitar qué es política, basta con tener un concepto claro: estiramiento conceptual. Concepto que Sartori, uno de los politólogos más prolíficos de la historia, se esforzó tanto en resaltar para no caer en el error que se desarrollará a continuación: si todo es político, nada lo es. De lo contrario, se cae en la pereza intelectual de reducir las diversas relaciones sociales en simplificaciones que suenan más a activismo que análisis, sin delimitar política grosso modo bajo poder, legitimidad y conflicto.
Sartori en su seminal artículo Concept misformation in comparative politics de 1970 explica que el estiramiento conceptual es un fenómeno en el que la compensación por la ganancia extensional resulta en la pérdida connotativa. En otras palabras, es explicar más con un solo término pero diciendo menos con el mismo, ocasionando una imprecisión, sobre todo porque el vínculo entre la evidencia empírica y el significado resulta más tenue. Por consiguiente, nos encontramos con el primer punto a considerar, que es si caemos en este vicio metodológico el concepto “política” pierde su valor operativo y su capacidad para explicar cosas concretas.
Esta coherencia necesaria entre la connotación, características que componen el concepto técnico, y la denotación, qué es lo que se está explicando, evita caer en un significante flotante. Esto quiere decir que se vacía de significado al término y no define nada real porque no hay estructura lógica detrás. Es por ello muy importante fijar fronteras claras que distingan la política de la moral, la religión u otras disciplinas. Así, Sartori extendió su investigación en su libro La política, donde la profundización en estos tecnicismos resulta vital, dejando claro que hay “cuatro tesis: primero, que la política es diferente; segundo, que la política es independiente … tercero, que la política es autosuficiente … cuarto que la política es una causa primera … De todos modos, la tesis capital, la que más importa clarificar, es la primera” (Sartori, 1996, p. 208).
Muchos caen en el error de entender la política solo bajo la implicancia aristotélica, esto es el animal político intrínsecamente social, malinterpretando a Aristóteles, quien hacía antropología filosófica, no ciencia política. En su contexto, la polis griega era la comunidad política, justamente acotando el concepto, no hipertrofiándolo. Algo no es político solo porque “te afecta” o “participas en la misma sociedad”. De hecho, casi con cualquier disciplina de las ciencias sociales, e incluso naturales, se podría usar el mismo argumento en la misma frase. Ese es el error de seguir modelos reductores como el homo economicus, homo sociologicus, homo biologicus, etc. De ello deviene el problema principal, que es querer comprender la complejidad social con ideas unidimensionales.
El reduccionismo del que se habla aquí es conocido como politicismo, no muy diferente del economicismo o el historicismo, donde no hay otros factores intervinientes más que los monismos causales de sus respectivos campos para explicarlo todo. Más bien, todas las ciencias sociales buscan dar lógica interna, marcos y objeto a su disciplina. Para la política es igual, como se ha venido explicando, pero lo que en ella se desarrolle parece ser ajeno para, por un lado, quienes en realidad quieren decir “todo es lo que dice mi ideología política”, no política per se sino solo la colonización de la privacidad por ideología, causando enfrentamientos ideológicos más que una explicación, y, por otro, quienes tienen un entendimiento vago de política, como si de un efecto Dunning-Kruger se tratara.
Hasta este punto cabe preguntarse, referido a eso último, ¿a qué se refieren cuando inadecuadamente dicen que algo es político? No hay formalidades aquí, ya que las respuestas dependen de a quién se le pregunte, pero se considerarán dos de las razones más notables. La primera, que es la mayoría de las veces, es porque no saben qué es de lo que exactamente están hablando pero lo catalogan así por justamente arrastrar la idea de polis al contexto actual. La segunda es la errada equivalencia de política con Estado, como si fueran sinónimos, ya que aunque determinados hechos puedan rastrearse hasta decisiones estatales no hace que aquellos sean políticos, pero esto se explicará a continuación. Un agregado sería lo que se dijo en el párrafo anterior sobre la ideología, pero está más relacionado a inmiscuir una postura política en cualquier tema más que una razón para justificar que es político.
No obstante, lo que hasta ahora se ha dicho no excluye usar herramientas de una disciplina para explicar burdamente algún hecho en concreto. Por ejemplo, uno puede decir que elegir pareja implica realizar un “coste de oportunidad” (concepto económico), porque para escoger a X como la indicada hubo Y opciones a las que renunciaste. De la misma forma, en una pareja puede haber problemas de “agregación de preferencias” (concepto político) porque se enfrentan listas de gustos individuales para tomar una decisión. Sin embargo, así como una pareja no es una mera relación de intercambios económicos, tampoco lo es una distribución de poder.
Explicar un punto en particular, ya sea porque se pueda usar conceptos políticos, tenga un punto político explícito o pueda relacionarse con política propiamente dicha, es muy distinto a catalogar un sistema con lógica propia como político. Para afirmar que algo es político habría que argumentar por qué la estructura de su sistema tiene las características primordiales que lo hagan político, porque “aun cuando encontremos un fuerte acento político en la significación de la conducta, no podemos deducir automáticamente que todas las actividades tengan solo consecuencias políticas ni que sean políticas por naturaleza” (Easton, 1969, p. 72). De lo contrario, no habría forma de entender un sistema político o cómo un acto político interfiere en un sistema no político o simplemente cómo un acto no político se interpreta como político.
Una clarificación no menor es no confundir los dos errores para “definir” política que se mencionó previamente con “politización”. Aquí sí cabe hablar de convertir algo en político, entendiéndolo como la demanda de transportar un asunto a la esfera política, ya sea nacional, regional o global, donde se toman decisiones vinculantes (Zürn, 2019). Nótese que hay un traspaso de lo “no político” a lo “político”, pero además de eso debe haber una demanda para que un asunto sea así, como definir las normas de una comunidad. Esto da a entender que no cualquier cosa es “político” en un sentido ontológico, sino que es la demanda para que algo que no cabía en esa esfera lo sea para que se inserte en la política, sea por una vía formal o informal.
En este sentido, habiendo aclarado que no todos los temas son políticos, ahora la pregunta es qué pasa cuando sí lo son. Muy sencillo en realidad: hablar de un tema político no significa saber cómo funciona la política. Volviendo a nuestra comparación disciplinar, se puede decir que cuando en la calle se escucha que “los precios han subido”, “el dólar está caro”, “los bancos deben bajar sus intereses”, claramente se habla de economía, pero muchas veces se desconoce la ciencia económica detrás. Igualmente, escuchar que “el congreso está fragmentado”, “la democracia es deficiente” es hablar de política pero se desconoce la ciencia política. La gran diferencia es que mientras en el primer caso solo es una opinión, en el segundo tiende a no solo ser opinión, sino también posición. De ahí que evoque pasiones hablar temas que son del día a día y se confundan las áreas que son propias de la política con otras que solo pueden ser críticas sociales o económicas, reflexiones filosóficas, revisión jurídica, etc.
La variable política está en la sociedad, como muchas otras. Hacer análisis político requiere tanto de un método como de una caja de herramientas para exponer con propiedad sobre algún tema. Muchos campos enriquecen el análisis pero debe tenerse presente que no se deben dilucidar los niveles de las disciplinas para no lanzar explicaciones vagas u holísticas que poco ayudan a clarificar lo que se pretende. Por ejemplo, cuando hay una nueva ley las opiniones a través de diferentes medios no se hacen de esperar, pero son eso: opiniones. Revisar la ley por sí misma requiere de análisis jurídico, saber cómo afecta económicamente una ley es análisis económico, comprender la toma de decisión de la ley es análisis político, y así siguen los focos analíticos.
Finalmente, cuando se habla de un tema político normalmente, como se ha anticipado, no hay pretensión en entender cómo funciona, sino solo se limitan a un punto muy particular de la política per se, que es el actuar de los políticos, lo que recaería más en la psicología del actor, a saber, si cierto político es corrupto, oportunista, estratégico o entre otros calificativos. La delimitación es aún más quisquillosa porque solo quieren hablar de lo que hace ese actor en cuestión y cómo lo hace en el aparato estatal, pero ello recae más en una especie de farándula que en un análisis real, algo que predomina en los medios, que no está mal, pues no tienen que dominar áreas que no es de su profundo interés. Lo único que aquí se ha procurado es dejar claro que no todo es político y cuando lo es, no todos quieren entenderlo.
Referencias
Easton, D. (1969). Esquema para el análisis político. Amorrortu Editores.
Sartori, G. (1970). Concept misformation in comparative politics. The American Political Science Review, 64(4), 1033-1053.
Sartori, G. (1996). La política. Fondo de Cultura Económica.
Zürn, M. (2019). Politicization compared: at national, European, and global levels. Journal of European Public Policy, 26(7), 977-995.