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La salud y la educación de una persona son fundamentales para su desarrollo, ya que no solo suponen su bienestar, sino que influyen —directamente— en la capacidad que esta tiene para avanzar en la vida y lograr lo que se propone. Por esta razón, la naturaleza de los sistemas sanitario y educativo de un país tienen una gran influencia sobre el ritmo que puede marcar una sociedad, bien sea que la oriente a la prosperidad, o la condene al atraso.

En ese sentido, es menester indagar en las ideas que tienen los políticos sobre el rol del Estado en las áreas antes mencionadas. Esto, debido a que la sanidad de un país o, incluso, su sistema educativo, pueden ser usados como armas políticas para controlar a la sociedad. Haciendo vulnerables a las personas y jugando con la formación de criterio y su capacidad para obtener mejores herramientas para el futuro, los movimientos colectivistas pueden moldear a una masa de siervos incapaces de rebelarse ante los abusos de poder.

Vale decir que, aunque parezca un escenario lejano, esta es la realidad de Venezuela. Desde hace muchos años, la salud y la educación han sido vistas como falsos derechos, es decir, como servicios que deben ser garantizados por el Estado y para los cuales no se pueden aplicar las dinámicas del mercado. Esto llevó a estos sistemas tan vitales a una dependencia viciosa de las políticas gubernamentales, unas que en su mayoría se implementaban bajo premisas utilitarias y electorales mas que con miras al crecimiento y la sostenibilidad en el tiempo.

Cabe destacar que, a pesar del rol preponderante del sector público en la salud y la educación venezolanas, en el siglo XX se tuvieron algunas luces en esos aspectos. Pero, como en otros asuntos, todo fue mermando a partir de la llegada del chavismo al poder. Estos sistemas, más que nunca, fueron degenerados para fines partiditas, mientras que las alternativas privadas fueron sofocadas.

En los últimos 20 años, Venezuela ha vivido la destrucción de hospitales y escuelas, a mano de unos pocos que simulan administrarlos para hacer grandes negocios personales. Asimismo, se ha construido una institucionalidad paralela que ha servido como instrumento de campaña político-electoral, una forma de beneficiar a los adeptos al régimen, incluidos terceros Estados como Cuba, que reciben millonarios tratados petroleros a cambio personal asistencial de dudosa capacidad y vocación.

En ese orden de ideas, en el séptimo capítulo del libro Después del socialismo, libertad, hago un recuento de todo lo acontecido en los sistemas educativo y sanitario de Venezuela en los últimos tiempos.  Así como para mí, considero que es del interés de todos los venezolanos e, incluso, personas de otras latitudes, el conocer cómo fue posible llegar a este nivel de destrucción en dos de los más importantes pilares de una sociedad.

Al final, la intención no solo es señalar todo lo malo que se hizo, sino a qué le debemos prestar atención para no cometer los mismos errores en el futuro. Ver a estos servicios como bienes económicos y permitir que los individuos creen riqueza e innoven en estas áreas, son nuestras tareas pendientes.


Esta publicación expresa únicamente la opinión del autor y no necesariamente representa la posición de Students For Liberty. En el Blog EsLibertad estamos comprometidos con la defensa de la libertad de expresión y la promoción del debate de las ideas. Pueden escribirnos al correo [email protected] para conocer más de esta iniciativa.

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