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Economía de Libre Mercado

Nobles políticos contra malvados especuladores

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“Ésta visión no es exclusiva de los neoliberales radicales que tanto se acusa. Desde la Segunda Guerra Mundial casi ningún país fija precios y economistas de todos los sectores reconocen que ésta política está destinada al fracaso. Por lo mismo resulta tan indignante para toda persona de centroderecha o derecha que sean políticos de Chile Vamos los que impulsen y apoyen éste tipo de medidas, pues demuestran la crisis ideológica que sufre nuestro sector y la falta de preparación de numerosos políticos.”


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Exequiel Cáceres

Me interesa la economía y política, los idiomas (actualmente aprendo portugués) y las comunicaciones. Milito en la Derecha Autónoma Unida (DAU) y el Partido Republicano de Chile.


Durante las últimas semanas muchos políticos (principalmente alcaldes) tanto de izquierda como de derecha han impulsado la idea de fijar precios para los alimentos. En un contexto de pandemia, argumentan, es necesario prevenir que los malvados especuladores impidan que la población pueda acceder a los recursos más esenciales. Esto, que parece intuitivo a priori, ignora uno de los factores que dirigen el comportamiento humano: los incentivos. 

El camino al infierno está lleno de buenas intenciones, y es necesario hacer de abogado del diablo para poder evitar la miseria y sufrimiento que podrían provocar estas medidas en la población más vulnerable. La fijación de precios consiste en la ilegalización de la comercialización de los productos a un precio que no es el fijado por el Estado (el cual típicamente es muy bajo). Esto es fundamentalmente una señal que reprime a los productores de dichos bienes. Supongamos que el gobierno considera inmoral vender papas a más de $400 el KG, pero la producción del KG de papas cuesta $500. El productor de papas entiende que no tiene sentido seguir produciendo ¿Para qué lo haría si ya sabe que perderá dinero? De ésta manera, muchos agricultores, distribuidores y verdulerías gradualmente dejarán de ofrecer papas hasta disminuir drásticamente la oferta y provocar escasez.

Los humanos (especialmente en estas situaciones más dramáticas) nos movemos por instintos. Ante la imposibilidad de comprar en el mercado formal buscaremos más alternativas. Es de ésta manera que surge el mercado negro, el cual necesariamente será más caro que el precio normal, porque el riesgo de ser multado por incumplir la orden de gobierno es un costo más. Nuevamente, los más perjudicados serán los consumidores más vulnerables.

Éste ejemplo no es una excepción que pase sólo con los alimentos, si no que sucede con todos los bienes ya que daña gravemente los beneficios que nos incentivan a actuar económicamente. Tampoco es un escenario hipotético alejado de la realidad, pues los ejemplos de países vecinos que han aplicado ésta política son numerosos y todas terminan en lo mismo: mayor miseria y escasez para los más pobres. El ejemplo más ilustre es Venezuela, pero para evitar usar un caso tan conocido miremos a Argentina. El gobierno de Cristina y ahora el de Alberto Fernández de manera constante han dictado a los vendedores el precio deben vender sus productos. Como consecuencia, los productos escasean, los mercados negros se expanden y la inflación se dispara. 

Ésta visión no es exclusiva de los neoliberales radicales que tanto se acusa. Desde la Segunda Guerra Mundial casi ningún país fija precios y economistas de todos los sectores reconocen que esta política está destinada al fracaso. Por lo mismo resulta indignante para toda persona de centroderecha o derecha el hecho de que sean políticos de Chile Vamos los que impulsen y apoyen este tipo de medidas, pues demuestran la crisis ideológica y la falta de preparación en estas materias que sufre nuestro sector. Ya sea por ignorancia o populismo, quienes piden hoy fijar los precios condenan a los más vulnerables a miseria y escasez. El PC y el FA hace años que periódicamente realizan propuestas tan contrarias a la evidencia empírica, pero resulta decepcionante que la misma conducta se extienda hoy a quienes son gobierno.


Durante las últimas semanas muchos políticos (principalmente alcaldes) tanto de izquierda como de derecha han impulsado la idea de fijar precios para los alimentos. En un contexto de pandemia, argumentan, es necesario prevenir que los malvados especuladores impidan que la población pueda acceder a los recursos más esenciales. Esto, que parece intuitivo a priori, ignora uno de los factores que dirigen el comportamiento humano: los incentivos. 

El camino al infierno está lleno de buenas intenciones, y es necesario hacer de abogado del diablo para poder evitar la miseria y sufrimiento que podrían provocar estas medidas en la población más vulnerable. La fijación de precios consiste en la ilegalización de la comercialización de los productos a un precio que no es el fijado por el Estado (el cual típicamente es muy bajo). Esto es fundamentalmente una señal que reprime a los productores de dichos bienes. Supongamos que el gobierno considera inmoral vender papas a más de $400 el KG, pero la producción del KG de papas cuesta $500. El productor de papas entiende que no tiene sentido seguir produciendo ¿Para qué lo haría si ya sabe que perderá dinero? De ésta manera, muchos agricultores, distribuidores y verdulerías gradualmente dejarán de ofrecer papas hasta disminuir drásticamente la oferta y provocar escasez.

Los humanos (especialmente en estas situaciones más dramáticas) nos movemos por instintos. Ante la imposibilidad de comprar en el mercado formal buscaremos más alternativas. Es de ésta manera que surge el mercado negro, el cual necesariamente será más caro que el precio normal, porque el riesgo de ser multado por incumplir la orden de gobierno es un costo más. Nuevamente, los más perjudicados serán los consumidores más vulnerables.

Éste ejemplo no es una excepción que pase sólo con los alimentos, si no que sucede con todos los bienes ya que daña gravemente los beneficios que nos incentivan a actuar económicamente. Tampoco es un escenario hipotético alejado de la realidad, pues los ejemplos de países vecinos que han aplicado ésta política son numerosos y todas terminan en lo mismo: mayor miseria y escasez para los más pobres. El ejemplo más ilustre es Venezuela, pero para evitar usar un caso tan conocido miremos a Argentina. El gobierno de Cristina y ahora el de Alberto Fernández de manera constante han dictado a los vendedores el precio deben vender sus productos. Como consecuencia, los productos escasean, los mercados negros se expanden y la inflación se dispara. 

Ésta visión no es exclusiva de los neoliberales radicales que tanto se acusa. Desde la Segunda Guerra Mundial casi ningún país fija precios y economistas de todos los sectores reconocen que esta política está destinada al fracaso. Por lo mismo resulta indignante para toda persona de centroderecha o derecha el hecho de que sean políticos de Chile Vamos los que impulsen y apoyen este tipo de medidas, pues demuestran la crisis ideológica y la falta de preparación en estas materias que sufre nuestro sector. Ya sea por ignorancia o populismo, quienes piden hoy fijar los precios condenan a los más vulnerables a miseria y escasez. El PC y el FA hace años que periódicamente realizan propuestas tan contrarias a la evidencia empírica, pero resulta decepcionante que la misma conducta se extienda hoy a quienes son gobierno.


Esta publicación expresa únicamente la opinión del autor y no necesariamente representa la posición de Students For Liberty Inc. En el Blog EsLibertad estamos comprometidos con la defensa de la libertad de expresión y la promoción del debate de las ideas. Pueden escribirnos al correo [email protected] para conocer más de esta iniciativa

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