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Ideal Libertad

Ni la política es un arte, ni ser libertario es un hobby

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Por Rafael González de Lara Gil


Ahora que, gracias a Internet, el liberalismo (en el sentido amplio de la palabra) no es una ideología para cuatro gatos, podemos empezar a observar cómo algunos de sus partidarios erran en la manera de seguirlo y difundirlo. De todos los fallos, el más grave es el cisma subyacente entre liberales clásicos y anarcocapitalistas. Es decir, entre moderados y radicales. El caso es que esta disputa -a pesar de que su sentido tiene- está empezando a recordar mucho a las que abundan en el mundo de la música sobre ser poser o true, sobre ser un verdadero fan de algo o no.

Mientras que en el mundo musical, que está motivado solo por el amor al arte, puede tener su sentido hacer esta antipática criba entre fans de verdad y de mentira (como explico con detalle en De Trues y Posers), en el mundo de la política es definitivamente contraproducente. ¿Por qué? Porque la política no es un arte, sino una ciencia social o rama filosófica. Aunque no sea una ciencia dura, trata de llegar a soluciones concretas mediante el método científico. El arte, sin embargo, no tiene más objetivo que el disfrute. Y es cierto que aprendiendo ciencias sociales se puede disfrutar, pero al contrario que el arte, la política afecta la vida del ciudadano quiera o no, por lo que uno no investiga sobre política solo por entretenimiento, sino también porque su vida depende de ella.

Los liberales nos podríamos definir como los partidarios de que la vida del ciudadano dependa lo menos posible de la política. Aunque unos quieran reducir esa dependencia al 0% y otros al 10%, anarcocapitalistas y liberales heterodoxos vamos en la misma dirección, por lo que solo sería coherente dividirnos entre nosotros llegados a dicho Estado mínimo del 10%. ¿Qué sentido tiene pelearnos entre nosotros por ese 10% final si actualmente la dependencia gubernamental se tasa (por decir un número) en un 70%? Primeramente, hagamos piña para reducir el Estado leviatánico que tenemos, y cuando lo logremos será hora de discutir la viabilidad de la policía privada sobre la pública y demás asuntos alejados tres millas del marco de nuestra ventana de Overton.

Y es que, asombra que muchos ancaps sean tan pragmáticos para unas cosas y tan románticos para otras. Si llegamos a esta orilla política por dejarnos de dogmas y sentimentalismos y apoyar el sistema que más riqueza y libertad genera, no tiene sentido abandonar ese empirismo a la hora de elegir los métodos más efectivos para llegar a dicho sistema. La ortodoxia, la pureza ideológica, no debe superponerse al análisis de la realidad objetiva. Si resulta que, hoy por hoy, la mayor parte de la población se asustaría al oír la propuesta de legalizar las armas automáticas, empecemos por lo bajini, como agilizar los trámites para las licencias de caza o proponer la legalización de pistolas de pequeño calibre. En la política no solo basta con tener la razón, sino con que el mayor número posible de gente se entere de ello.

Como no es posible apartarse de la sociedad y montar una propia con sus leyes particulares y todo, estamos obligados a convencer a la mayor cantidad de personas posible de que el liberalismo es la clave para el éxito. Y cuando seamos suficientes, montar un partido político, una revolución o algo. Lo que no vale es defender el liberalismo solo desde la torre de marfil, apoyando cosas tan estrambóticas que se sabe que nunca ocurrirán y llamando tibio a aquel que no esté de acuerdo con ellas. Javier Milei se dio cuenta de ello y ahora es tildado de traidor por gente de su misma ideología que, a diferencia de él, no ha aportado nada a la causa aparte de algún presuntuoso comentario en internet.

De todas formas, algo que a veces se le olvida a los ancaps es que todos los liberales creemos en la asociación voluntaria, por lo que si llegáramos al poder, permitiríamos que los no conformes se separaran del nuevo Estado mínimo; y me consta que la meta de un verdadero anarcocapitalista no es que absolutamente todo el mundo viva bajo el anarcocapitalismo, sino que exista la oportunidad de vivir bajo él. 

Siendo así, insisto: unámonos todos de cara al mundo bajo el paraguas del liberalismo y dejemos nuestras diferencias para los debates internos. No solo no debemos escandalizar a la muchedumbre con ideas irrealizables, sino que tampoco debemos dar la apariencia de estar divididos. Ni la política es un arte ni ser libertario es un hobby. Tenemos que seguir la mejor estrategia posible para multiplicarnos y alcanzar el poder. No estamos en esto para pasar el rato. Lo importante aquí no es participar, sino ganar.


Esta publicación expresa únicamente la opinión del autor y no necesariamente representa la posición de Students For Liberty Inc. En el Blog EsLibertad estamos comprometidos con la defensa de la libertad de expresión y la promoción del debate de las ideas. Pueden escribirnos al correo [email protected] para conocer más de esta iniciativa.

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