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Ideal Libertad

Mario Bunge y la Escuela Austriaca

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Hablar de epistemología en las ciencias sociales sin mencionar a Mario Bunge es hablar a medias. La Ciencia Política pareciera encontrarse en continuas crisis de identidad, al no ser capaz de ponerse a la altura o estar igual de desarrollada, como otras ciencias naturales, la física por ejemplo, o incluso ciencias sociales más consolidadas, como la economía.


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Oscar Mario Tomianovic Parada

Estudiante de 2do año de la carrera de Ciencias Políticas y Administración Pública, Coordinador Local de SFL.


La figura de Bunge, tanto si se estudia para politólogo o cualquier otra carrera humanista, es sin duda alguna figura de autoridad. Sus obras son de carácter obligatorio para el estudio básico de la epistemología en las ciencias sociales. Su sagacidad puede notarse ni más comenzamos a leer sus agudas críticas a figuras positivistas o historicistas. Su dedicación al combatir las pseudociencias es admirable. La titánica tarea de revestir a las ciencias sociales de una identidad propia, dentro de este paradigma de crisis identitaria, es notable.

Sin embargo, dentro de la obra de Bunge pareciera existir una pequeña grieta, siendo el resto de su obra bastante sólida en general. Este pequeño espacio, que pareciera entrar en disonancia con el resto de los párrafos que escribe, está referido a la Escuela Austriaca.

Cuando hablamos de Escuela Austriaca es imposible no hablar, dejando de lado los aspectos económicos, de las contribuciones epistemológicas que se reciben de figuras como Carl Menger, quien inicia esta corriente, y especialmente Ludwig von Mises, quien termina de consolidar este edificio teórico. Es decir, ya de entrada, hablamos de una completa revolución epistemológica en las ciencias sociales, que irrumpía con la tradición empirista y positivista recogida de periodos como la Ilustración y de sucesos como el amplio desarrollo de las ciencias físicas (Martínez, 2016, pág. 175).

Aunque la cuestión una vez desarrollada se vuelve espinosa entre los mismos austriacos (Véase  (Rothbard, 1957), (Machlup, 1954) y (Zanotti, 2013) todos parecen coincidir en los fundamentos esenciales: el carácter apriorístico inicial de la acción humana. En resumen, y para no alargar innecesariamente un tratamiento dedicado a Bunge, se puede decir que el concepto sobre el que pivota la teoría de la Escuela Austriaca es la acción humana, entendida como la categoría inicial para todo estudio social del hombre. A partir de ella, y dado su carácter apriorístico, se desarrollan igualmente otros axiomas que de esta se desprenden, tales como la existencia de fines y medios, la ley de los rendimientos decrecientes, la utilidad marginal, la preferencia temporal, por nombrar algunos. Lo importante es que son, como ya mencionamos, categorías a priori, es decir, pueden ser accesibles por la razón, y no pueden ser demostradas empíricamente. Esto, que de tratarse de ciencias como la física se traduciría en un disparate, cobra todo el sentido cuando nos paramos en el campo de las ciencias sociales. Por ejemplo, si el señor Bunge decidiera, por ejemplo, tratar de refutar, o si el señor Popper, tratara de falsear, el axioma de la acción humana, caería inmediatamente en una contradicción irresoluble. La categoría de la acción humana implica un comportamiento deliberado, orientado a un fin y que emplea medios escasos. En pocas palabras, habrá nada más emprender dicha empresa, de darles la razón a los austriacos en este respecto. El asunto puede resumirse brevemente de esta forma. 

No deben distraernos críticas casi caricaturescas como las efectuadas, sorpresivamente, por el reconocido autor Mario Bunge, quien, al contrario de lo que nos tiene acostumbrado en sus obras, realiza un tratamiento bastante simplista, rozando el absurdo y faltando gravemente al exponer de forma parcial, o ya de plano forma equivoca, los postulados de la escuela austriaca (Véase: (Bunge, 1999) en las paginas 168-169 y por sobre todo el apartado titulado: Praxeología Austriaca que comprende desde la página 352 hasta la 356). Considero que independientemente de la postura que el señor Bunge hubiera tenido para con la Escuela Austriaca, todo académico, en favor de la honestidad intelectual, debe exponer de la manera más certera y fiel posible una doctrina, evitando de este modo tergiversar las palabras del o los autores. En su breve tratamiento a la misma, lo que ya nos debería alarmar considerando el exhaustivo análisis que se le da a otras cuestiones, Bunge incurre en algunas imprecisiones teóricas severas, pero también históricas, como por ejemplo la supuesta ausencia de comentarios sobre el New Deal (¡Tan solo en su obra más importante, Mises hace mención 8 veces al New Deal!, específicamente en las paginas 381, 443, 465, 658, 795, 920, 929, 966, véase: (Mises, 2011, págs. 623-638)), o con respecto al Plan Marshall, cuando Mises, en otra obra, bastante conocida de hecho, nos dice: “They (los defensores de la nueva economía) blithely assume that the state has unlimited means at its disposal. The state can undertake all projects which are too big for private capital. There is simply nothing that would surpass the financial power of the government of the United States. The Tennessee Valley project and the Marshall plan were just modest beginnings.” (Mises, Planning for Freedom, 1974, pág. 90)  y luego en la misma obra: “The worst method to fight communism is that of the Marshall Plan. It gives to the recipients the impression that the United States alone is interested in the preservation of the profit system while their own concerns require a communist regime.” (Mises, 1974, págs. 141-142), lo que nos lleva a pensar si verdaderamente Bunge, al querer tratar este tema y verter semejante afirmación, con un perceptible tinte sarcástico y burlesco, se tomó la molestia de revisar y leer, nada más y nada menos, que la obra más importante del autor más relevante de la Escuela Austriaca, y esto mencionamos y repetimos, sin tener que mencionar el si uno está o no en favor de lo por esta escuela defendido. Otro error, aunque una lectura  profunda encuentra más, del filósofo argentino es el de relacionar a la Escuela Austriaca con la vieja dicotomía de izquierdas y derechas, desatendiendo todo lo dicho por personajes como Murray N. Rothbard, que escriben, ni más ni menos que, obras completas en contra de la derecha a la que Bunge quiere relacionar con los austriacos. Bastaría con mencionar pasajes como los siguientes: “Sin embargo, el pesimismo, tanto a corto como a largo plazo, es precisamente lo que el conservadurismo merece porque no es sino un remanente moribundo del Antiguo Régimen de la era pre-industrial, y, por ello, no tiene futuro. En su versión norteamericana contemporánea, el reciente resurgimiento conservador encarna la agonía de una Norteamérica moribunda, ineluctablemente fundamentalista, rural, pueblerina, de anglosajones de raza blanca ¿Pero qué perspectivas de triunfo tiene la libertad? Muchos libertarios por error vinculan las perspectivas de la libertad con las del movimiento conservador, aparentemente más fuerte y supuestamente aliado; esta vinculación hace que el característico pesimismo a largo plazo de los libertarios modernos sea fácil de entender.” (Rothbard, El igualitarismo como rebelion contra la naturaleza y otros ensayos, 2000, pág. 19), adicionalmente, como critica la vieja derecha,  y su degeneración en el estatismo, consúltese (Rothbard, The Betrayal of the American Right, 2007) especialmente el capítulo titulado Decline of the Old Right, en las paginas 127-146. Como dato curioso, nada más que en la página 2 de esta obra, ya se menciona la oposición al New Deal por parte de esta old right. El propio Hayek, a quien Bunge también cita, en una de sus obras más conocida, quizás solo superada por The Road to Serfdom, critica abiertamente al conservadurismo, dedicándole nada más y nada menos que un capítulo entero titulado Why I Am Not a Conservative. Especialmente es notable su desprendimiento de la tradición conservadora y señala las diferencias entre aquellos y los liberales en general. Hayek en concreto nos dice: “Let me now state what seems to me the decisive objection to any conservatism which deserves to be called such. It is that by its very nature it cannot offer an alternative to the direction in which we are moving. It may succeed by its resistance to current tendencies in slowing down undesirable developments, but, since it does not indicate another direction, it cannot prevent their continuance. It has, for this reason, invariably been the fate of conservatism to be dragged along a path not of its own choosing. The tug of war between conservatives and progressives can only affect the speed, not the direction, of contemporary developments.” (Hayek, 1978, pág. 398). Y continua mas adelante diciendo: “As has often been acknowledged by conservative writers, one of the fundamental traits of the conservative attitude is a fear of change, a timid distrust of the new as such, while the liberal position is based on courage and confidence, on a preparedness to let change run its course even if we cannot predict where it will lead. There would not be much to object to if the conservatives merely disliked too rapid change in institutions and public policy; here the case for caution and slow process is indeed strong. But the conservatives are inclined to use the powers of government to prevent change or to limit its rate to whatever appeals to the more timid mind. In looking forward, they lack the faith in the spontaneous forces of adjustment which makes the liberal accept changes without apprehension, even though he does not know how the necessary adaptations will be brought about. It is, indeed, part of the liberal attitude to assume that, especially in the economic field, the self-regulating forces of the market will somehow bring about the required adjustments to new conditions, although no one can foretell how they will do this in a particular instance.” (Hayek, 1978, pág. 400).  No continuaremos con otras imprecisiones de Bunge por cuestiones de espacio.

Todas estas imprecisiones se vuelven inexcusables cuando observamos los tiempos: Bunge publica su obra en 1997, es decir, 2 años después de la muerte prematura de Murray N. Rothbard, 5 años de la muerte de F.A. Hayek, 24 años de la muerte de Ludwig von Mises. Convengamos que es un tiempo más que razonable para haber leído, incluso suponiendo que Bunge conociera la existencia del autor tras su defunción, alguna de sus más importantes obras. De nuevo, recalcamos que estamos señalando la fecha de muerte y no asi de publicación de sus obras, lo cual dejaría un gap temporal mucho más grande, como es el caso de La Acción Humana, publicado en 1949, es decir, 48 años antes de la obra de Bunge. 

¿Se podría rebatir lo que Bunge dice sobre la Escuela Austriaca? Sí, pero primero debemos observa como la entiende.

Esto nos indica una cosa evidente: La Escuela Austríaca es marginada en los círculos académicos e intelectuales en gran medida debido a la incomprensión e imprecisa exposición de sus fundamentos. Claro, difícilmente toda conclusión a la que llegue un economista austríaco será considerada, y posiblemente sea rechazada, puesto que se considera su punto de partida, tanto epistemológico como metodológico, es errado. Pero no, la verdad es que solo es mal interpretado y requiera de una reevaluación.

Un paso importante para lograr expandir las ideas de la libertad, brillantemente expuestas por miembros de Escuela Austríaca, será el cuestionar figurar que parecen incuestionables dentro de su autoridad (pareciera un suicidio académico el cuestionar a figuras como Bunge). La ciencia es un proceso continuo de construcción, y por tanto requiere que algunas veces sus postulados sean puestos en tela de juicio.

Quizás, con esta pequeña contribución, una mayor cantidad de politólogos y otros estudiosos de las ciencias sociales puedan acercarse a los postulados de la Escuela Austríaca y, por qué no, de otros pensadores que metodológicamente no están muy distantes. Será una batalla ganada en favor de la libertad.

Bibliografía

Bunge, M. (1999). Las Ciencias Sociales en Discusión: Una perspectiva filosófica. (H. Pons, Trad.) Buenos Aires, Argentina: Editorial Sudamericana.

Hayek, F. A. (1978). The Constitution of Liberty. Chicago, Estados Unidos: University of Chicago Press.

Machlup, F. (1954). El problema de la verificación en economía. Southern Economic Association, (pág. 22). Bilozi, Mississippi.

Martínez, C. H. (2016). La Ilustración: Impacto sobre América Latina. Heurística: Revista Digital de Historia de la Educación(19), 174-189.

Mises, L. v. (1974). Planning for Freedom: And Twelve other Essays and Adresses (Tercera (Memorial Edition) ed.). Illinois, Estados Unidos: Libertarian Press.

Mises, L. v. (2011). La Acción Humana: Tratado de economía (Décima ed.). (J. R. Albiol, Trad.) Madrid, España: Unión Editorial.

Rothbard, M. N. (Enero de 1957). In Defense of “Extreme Apriorism”. Southern Economic Journal, 314-320.

Rothbard, M. N. (2000). El igualitarismo como rebelion contra la naturaleza y otros ensayos (Segunda ed.). (J. J. Robres, Trad.) Alabama, Auburn, Estados Unidos: Mises Institute.

Rothbard, M. N. (2007). The Betrayal of the American Right (Primera ed.). Alabama, Auburn, Estados Unidos: Mises Institute.

Zanotti, G. (2013). Caminos Abiertos: Un análisis filosófico de la historia de la epistemología de la economía, desde fines del Siglo XIX hasta 1982 (Primera ed.). (J. M. Fuente, Ed.) Madrid, España: Unión Editorial.


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