Entre el discurso del cambio y la continuidad estructural en Bolivia

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El accionar del gobierno actual en Bolivia no ha logrado consolidarse como un proyecto político claro y estable. A lo largo de estos primeros meses, toda decisión tomada no ha logrado generar señales correctas que permitan aproximarse a fundamentos para la construcción de un nuevo sistema que permita la previsibilidad en las interacciones humanas. Se puede percibir una continuidad de las dinámicas que caracterizaban a los gobiernos anteriores, ya que las decisiones políticas han respondido principalmente a presiones coyunturales en lugar de buscar reestructuraciones a partir de reformas.

Bajo este entendimiento, el planteamiento —que resulta problemático— busca establecer que el gobierno actual de Bolivia, pese a las categorizaciones que le precedieron, no posee contenidos liberales. A lo que se identificó algunos aspectos (no necesariamente todos) que nos permitan entender estas carencias.

Una de las características es el gradualismo económico sin proyecto político. Las medidas adoptadas hasta el momento no han respondido a un programa con pretensiones de reformas estructurales profundas, ni mucho menos cambios sobre aspectos de orden económico propios del liberalismo. Estás determinaciones no corrigen los problemas heredados, sino buscan evitar cualquier costo político que atente contra algún tipo de legitimidad gubernamental.

Un ejemplo concreto es que el presidente expresó la intención de eliminar completamente la subvención a la gasolina, haciendo alusión a que se trataría de medidas drásticas: “No tengo plata para hacerlo gradual. Yo quisiera hacerlo gradual para ayudar a la gente (…) pero es que no tengo.” (Erbol, 2025). Sin embargo, en la realidad se trataría únicamente de un pequeño ajuste que no permite el cambio sustancial que requiere el país. Durante los gobiernos anteriores, la subvención a los combustibles se justificaba políticamente bajo el mismo argumento de evitar costos sociales inmediatos. Estas medidas respondieron a cálculos políticos intervencionistas de mantener legitimidad con actores sociales a corto plazo,  en vez de generar criterios de durabilidad y sostenibilidad económica a largo plazo. Esto ya nos advierte Ludwing Von Mises (2011), las medidas intervencionistas pueden proporcionar ventajas a ciertos individuos o grupos de individuos a expensas de otros. Bajo este entendido, estas decisiones mantienen las mismas lógicas heredadas de gobiernos anteriores, pese a expresar que serían ajustes drásticos.

Ahora bien, el gobierno intenta presentarse como un disruptor ante las problemáticas sociales que enfrenta. Sin embargo, incurre en contradicciones, ya que termina actuando como un conciliador con los sectores sociales (sindicalistas, corporativas, progresistas, etc.) que han funcionado como brazo operativo y de subordinación en gobiernos anteriores. No obstante, en el discurso trata de cuestionar la legitimidad de estas organizaciones sociales, “preguntando públicamente por qué no se manifestaron durante los gobiernos anteriores cuando habrían derrochado millones de bolivianos” (RTP, 2026), pero en los hechos cede ante las presiones, abrogando las disposiciones que dieron origen a las protestas. Esto evidencia nuevamente la incapacidad de establecer una autoridad política que rompa con la lógica corporativista heredada. Se trata en todo caso, de una continuidad de las mismas relaciones de poder.

Estas ambigüedades también se reflejan en narrativas de campaña electoral y las actuales, principalmente en la idea de deshacerse del “Estado tranca”. El presidente constantemente ha reiterado que “se está acabando con el estado tranca, no va ser fácil” (Correo del Sur, 2025). Esta afirmación parecía pronosticar un movimiento orientado a reducir las trabas burocráticas y el intervencionismo estatal. Nada más adverso a la realidad, ya que las acciones concretas para disminuir el aparato gubernamental han sido moderadas: la modificación del presupuesto general del estado con una simple reducción del 30% sobre el gasto fiscal para el 2026, la eliminación de 4 impuestos y la reestructuración de los ministerios reduciéndolo de 17 a 15; sin que ello signifique algún cambio fundamental sobre el déficit fiscal.

Precisamente por aquella imprecisión, como se puede explicar desde el pensamiento de Bruno Leoni (2013), para el ciudadano boliviano aún continúa siendo difícil prever las consecuencias jurídicas de sus acciones, porque no existen normas estables ni previsibles.

Algo similar ocurre en el ámbito de política internacional. El gobierno ha buscado llenar ciertos vacíos en los que Bolivia ha quedado relegada, proyectando una imagen de “centro-derecha”, con apertura económica y mayor acercamiento a posiciones que reivindican el desarrollo occidental. Esto se puede evidenciar en su intervención en el Foro Económico Internacional América Latina y el Caribe (CAF), donde abordó temas como la economía regional, la cooperación internacional, el empleo y la integración bioceánica, vinculando estos ejes a la situación actual de Bolivia”. (Red Uno, 2026). Sin embargo, por el momento, estas acciones se mantienen dentro el plano declarativo, no se han producido transformaciones concretas que modifiquen significativamente un modelo económico enclaustrado por uno abierto, o aspectos democráticos estables que busquen estabilidad social y política. 

Bajo este panorama, lo único acertado —por el momento— como principal capital político que permite sostener la legitimidad gubernamental, al parecer es a través del plano simbólico. Sin embargo, estos movimientos no serán eficaces y no llegarán a perdurar en el tiempo, porque no están acompañadas de una visión política a largo plazo. A través de la narrativa oficial, se compone de pretensiones que permanecen en lo discursivo: retornar a la institucionalidad, reivindicar valores republicanos, el rol de la familia y ciertos elementos relacionados con la tradición democrática. Así lo indicó el propio presidente en el discurso de posesión: “Hoy la Patria vuelve a sentirse amada. Hoy regresan la fe, la familia y el sentido del respeto.” (Red Uno, 2025). 

En este sentido, se trata de un cambio en las formas, en la imagen, pero la retórica del poder heredado se mantiene intacta. En los términos planteados por Max Weber (1997), la legitimidad del poder se puede comprender bajo tres aspectos: de carácter racional-legal, tradicional y carismático. Estás normalmente se conjugan en la práctica política. Esto parece suceder en el actual gobierno: se apoya en una legitimidad carismática a través del discurso, pero mantiene las mismas estructuras de dominación burocrática (legal-racional) existentes. 

No obstante, lo simbólico sólo puede contener verdadera fuerza política cuando logra traducirse en transformaciones estructurales, es decir, cuando el discurso logra insertarse en un despliegue, o lógica institucional duradera. En este sentido, Pierre Bourdieu (2000), señala que los sistemas simbólicos se distinguen según sean producidos y apropiados por el conjunto del grupo social. Pues de ser eficaz el movimiento simbólico que pretende el gobierno, este tendría que permitir su mantenimiento en el tiempo y su extensión en la sociedad; de lo contrario es susceptible de agotarse en cualquier momento.

Lo mencionado pretende abrir las posibilidades de desarrollar análisis más profundos sobre otros aspectos que se irán actualizando conforme el tiempo lo permita. Sin embargo, se deja entrever un patrón claro: el gobierno parece quedar atrapado en las mismas estructuras que pretendía transformar, pero termina formando parte de ellas, reproduciéndolas, administrándolas e incluso, regenerándolas. Bajo esas condiciones, resulta difícil sostener que se va gestando un nuevo proyecto político, más bien se observa una transición de política ambigua, en la que los discursos conviven con las mismas lógicas del pasado. Por ello, resulta complicado identificar la existencia de planteamientos liberales dentro de los espacios del actual poder político. 

Referencias bibliográficas:

Bourdieu, P. (2000). Sobre el poder simbólico. En intelectuales, política y poder (pp.65-73). Buenos Aires: Eudeba. Recuperado de: https://sociologiac.net/biblio/Bourdieu_SobrePoderSimbolico.pdf

Correo del Sur. (2025, noviembre 10). Paz: Estamos acabando con el estado tranca, no va ser fácil.

https://correodelsur.com/politica/20251110/paz-estamos-acabando-con-el-estado-tranca-no-va-a-ser-facil.html

Erbol. (2025, diciembre 21). Quita de la subvención: afirma que no hay plata para hacerla gradual. 

https://erbol.com.bo/nacional/quita-de-la-subvenci%C3%B3n-paz-afirma-que-no-hay-plata-para-hacerla-gradual

Leoni. B. (2013). Lecciones de filosofía del derecho (Juan Marcos de la Fuente. Trad.). Madrid: Unión editorial (Obra original, publicada en 2003 como Lezioni di filosofía del diritto) 

Von Mises, L. (2011). Crítica del intervencionismo: El mito de la tercera vía (Jesús Gómez Ruiz, Trad.) Unión editorial (Obra originalmente, publicada en 1929)

Red Uno. (2026, enero 28). “Las ideologías no dan de comer”: Las frases destacadas de Rodrigo Paz en el Foro CAF 2026. 

https://www.reduno.com.bo/economia/las-ideologias-no-dan-de-comer-las-frases-destacadas-de-rodrigo-paz-en-el-foro-caf-2026-202612811500

Red Uno. (2025). Rodrigo Paz: Las 10 frases que marcaron su mensaje presidencial.

https://www.reduno.com.bo/noticias/rodrigo-paz-las-10-frases-que-marcaron-su-mensaje-presidencial-2025118125919

RTP Bolivia. (2026). Rodrigo Paz increpa a la COB: “¿Por qué no marcharon cuando los gobiernos del MAS derrocharon millones y millones de bolivianos?” https://rtpbolivia.com.bo/sociedad/rodrigo-paz-increpa-a-la-cob-por-que-no-marcharon-cuando-los-gobiernos-del-mas-derrocharon-millones-y-millones-de-bolivianos/

Weber, M. (1997). Economía y Sociedad. (J. Medina Echeverría y otros, trad.). México Fondo de cultura. (Obra originalmente, publicada en 1922)

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