“La afinidad de anhelos, de creencias, de esperanzas, acerca los caracteres y los hace simpatizar; trasponiendo la distancia y el tiempo. Por eso se consideran hermanos todos los que sienten una misma ansiedad eudemónica, auscultando con idéntico fervor optimista el porvenir de la humanidad.” José Ingenieros
Con lo que respecta a mi reconocimiento de “Soy argentina” pueden derivarse preguntas tales como, ¿Existe una caracterización de la nación argentina?¿Qué significa exactamente “ser argentino”?.
En los términos de lo que podría ser entendido como una teogonía del concepto, tan mítica como la de Hesíodo y sus dioses, nos dice que el concepto es primeramente la absoluta identidad consigo mismo y, en segundo lugar que es en sí, absoluta mediación. Pues bien, dejando de lado ese pretendido nivel de lo absoluto, sucede que nos encontramos con aquella “fuerza creadora” en el más humilde quehacer cotidiano. Y lógicamente también nos toparemos con ella en el plano de la actividad política (Roig, 2005, Pág. 1)
De acuerdo con Roig, podemos entender que entre el “sujeto” y la “sociedad” existen inevitablemente mediaciones. Mediaciones que moldean al sujeto pero a su vez, que el sujeto moldea también, con lo cual, moldea a su sociedad.
Con lo que respecta a este escrito me detendré especialmente en la “condición de argentino”, que desde mi punto de vista, se ha caracterizado al “argentino” de poseer cierta idiosincrasia, energía que creo, es influida por el entorno, sociedad, etc. Energía que nació en pos de sus luchas, estas que la forman y a su vez, ella las intenta transformar.
No nos cabe duda de que para el ejercicio de actos de poder con espíritu coercitivo, o con un sentido de resistencia o de contrapoder, no podemos menos que partir de nosotros mismos, vale decir, afirmarnos como sujetos sociales, étnicos, religiosos o lo que fuere, formas todas de mediación no necesariamente negativas. Entre la sociedad y el acto he de ponerme “yo”, o mejor, “nosotros” o “nosotras”. Lo que hemos llamado a-priori antropològico, implica, en efecto una mediación constructiva, activa y pasiva, sin lo cual no hay ejercicio ni del poder ni del contra-poder. El yo, en cuanto realidad histórica y psicológica construye y a su vez, es construido, mediante un juego permanente de “mediación/inmediación. (Roig, 2005, pág 1)
De este juego entre “mediación/inmediación” me propongo a quizás, derribar ciertos mitos acerca de la “persona argentina” y/o “sociedad argentina” y tal vez a también, afirmar otros tanto negativos como positivos. Pues creo que no podemos negar el hecho de que un gobierno en una sociedad democrática, ha sido elegida por su sociedad, sin embargo, no creo que una sociedad se caracterice más por su gobierno que por su “energía” o al menos, el gobierno no representa en totalidad la esencia de una sociedad.
A menudo podemos escuchar en el mundo y a los propios argentinos decir cosas como “Argentina se merece las malas cosas que le pasan, pues, son los resultados de sus decisiones”; “Argentina está como está porque los argentinos son vagos y no les gusta trabajar”; “Los argentinos son persuasivos, ventajistas, charlatanes, aprovechadores”; entre otras cosas.
Me detendré en las primeras dos declaraciones habituales que son las que más me preocupan. Con respecto a la primera, creo que es equívoca o al menos, carente de realidad, ya que pongo en duda que los malos gobiernos puedan reflejar la totalidad de las intenciones y formas de ser de la sociedad en conjunto.
Es decir, Argentina, tal vez en tanto gobiernos de centro derecha o centro izquierda, ha tenido siempre descontentos por parte de la población. Entre estos y muchos hechos más, se puede observar que nunca hubo en la sociedad una plena satisfacción, o al menos, una satisfacción mayoritaria con respecto a la forma de gobierno. Podríamos decir, que nuestra democracia está todavía en procesos de realización y en esa realización, rescato el interés de las diversas posturas individuales, por un mejoramiento social en general, independientemente de si sus ideas me parecen perjudiciales o benefactoras.
Con esto quiero decir, que la población tenga un mal gobierno o que pase por un momento histórico desfavorable, no quiere decir que se deba a que la sociedad quiso ver adrede deteriorar a su país, que ello refleje sus potencialidades y/o espíritu y mucho menos que los ciudadanos “se merecen” o sean “totalmente responsables” de dicho sufrimiento.
Los procesos dialécticos son, por otra parte, abiertos y muestran la movilidad y contingencia de lo histórico. Las totalidades a las cuales se llegue en el llamado momento de superación dialéctica deben ser sometidos a comprobaciones empíricas. (…) Uno de los frentes de lucha más importantes en toda lectura dialéctica de ciertos procesos es el de la denuncia de actitudes conservadoras y acríticas. En muchos casos desde esa actitud se ha de exigir el rechazo de los modos como se han establecido o son vistos los polos en contradicción. (Roig, 2005, pág. 2)
Tanto Argentina como sus países vecinos tienen instituciones mucho más nuevas que las de países europeos y podemos observar que dichas instituciones latinoamericanas todavía dejan mucho que desear. Para ser más específica, la mayoría de los países latinoamericanos, por no decir todos, tienen economías e instituciones deficientes y es innegable el hecho de que la economía es un factor muy importante a la hora en la que los sujetos toman decisiones.
Sin profundizar demasiado en el tema, si observamos las situaciones laborales en Argentina, podemos primeramente alarmarnos por el hecho de que es sumamente difícil solventar todas las necesidades básicas con un salario mínimo. Por lo cual, hay quienes erróneamente desde una situación privilegiada en Argentina o desde una perspectiva en el exterior, eligen pensar que en el país la gente “es vaga”. Lo cierto es, que no existen formas fáciles de salir de la pobreza en dichos países con economías deterioradas por lo cual si, es coherente ver que el camarero no está lo más cómodo posible atendiendo a cuatro sujetos acomodados que luego dirán “que mal trabajan los empleados acá”, camarero cuyo salario no alcanza probablemente ni para vivir independientemente de su familia. Con esto quiero decir, sí, me parece absolutamente normal que la gente no esté satisfecha con su trabajo cuando este no solventa lamentablemente ni siquiera sus necesidades básicas.
Ya dijo Ingenieros sobre el trabajo “El trabajo será bello y amado cuando represente una aplicación natural de las vocaciones y de las aptitudes, cuando la espiga sea cosecha propia del sembrador”.
Desde mi perspectiva, creo justo hablar de los salarios para poder explicar luego mi punto. Observamos primeramente entonces, que en Argentina hay una amplia insatisfacción con respecto a los salarios. Se dice en algunos diarios: “Argentina vive una extensión de la jornada laboral por la caída del salario” Señaló, Gabriel Solano, que para poder llegar a fin de mes muchos trabajadores trabajan más de 8 horas.
Además, siguiendo la contradicción que observo en este comentario superficial, pienso a su vez otro fenómeno que se da con demasiada frecuencia, que no es visto globalmente. Con esto voy al hecho de que para recompensar los daños sufridos por las deficiencias de las instituciones, las empresas se ven casi obligadas a pagar en negro a sus trabajadores y lo mínimo posible para sustentar los gastos e impuestos. Por otro lado, los trabajadores optan por trabajar de más y este sacrificio no remunerado es visto como algo “digno” en vez de preocupante, al menos, en el país. (Sí bien estoy de acuerdo con que el trabajo dignifica, la crítica está en diferenciar a un entusiasmado con su trabajo y un trabajador que es explotado debido al contexto social).
Es decir, observó que los trabajadores tienen cierta “obligación moral” impuesta por el propio contexto de hacer hasta lo imposible por mantener su posición social y en esta lucha tanto por el prestigio como por sobrevivir económicamente, se naturaliza que “vivir para el trabajo” es lo que corresponde para ser un “argentino digno”. Entonces, del mito de que “Argentina está como está por su holgazanería”, los ciudadanos argentinos se esfuerzan por no perder su estabilidad. Sin criticar a las instituciones que facilitan que el individuo no tenga su remuneración adecuada.
Pienso que este fenómeno puede tener además ciertas raíces ocultas como el miedo a perder el trabajo, ya que como es difícil conseguir un trabajo formal, en blanco o un trabajo estable, al conseguirlo, la gente puede sentir la necesidad de sobre demostrar interés para no perderlo. Además, no olviden que “Argentina esta como esta porque a los argentinos no les gusta trabajar” entonces, quizás, ¡si todos trabajamos 24 horas semanales de más por amor a nuestro país, tal vez logremos mágicamente aumentar nuestros salarios y salir de la pobreza sin transformar nuestras instituciones!(ironía).
Mientras tanto, informa infobae sobre salud: “Burnout récord: el 94% de los trabajadores argentinos sienten estrés laboral crónico, según una encuesta
Así lo indicó un sondeo de 2023. El resultado es el más elevado desde 2020.”
El estado autoritario, en particular, manejado desde intereses sectoriales desconoce y niega formas de mediación así como institucionaliza otras o, simplemente, las potencia hasta hacer de ellas un fetiche. De ahí la lucha de Sartre en favor de una historización, que sin renunciar a lo universal, permita el reconocimiento de lo individual, lo particular y, sobre todo, la diversidad y multiplicidad de los colectivos, así como sus cambios cualitativos. (Roig, 2005, pág. 12)
BIBLIOGRAFÍA
INGENIEROS, José (1923). Las fuerzas morales . En: Obras completas, vol. 19. Buenos Aires: Elmer, págs. 5-42 y 107-130.
ROIG, Arturo (2005). “Cabalgar con Rocinante. Democracia participativa y construcción de la sociedad civil: de Sarmiento y Artigas hasta Mariátegui”. En: José de la Fuente y Yamandú Acosta (coords.), Sociedad civil, democracia e integración. Miradas y Reflexiones del VI Encuentro del Corredor de las Ideas del Cono Sur . Santiago de Chile: Ediciones de la Universidad Católica Silva Henríquez, págs. 347-375